Se queda un rato mirando a través de la ventana la furgoneta del panadero que trae su mercancía recién hecha. Son las siete y veintidós de la mañana y nadie ha llamado por teléfono aún. Ada está preocupada. Se mira los dedos y aún quedan restos de las heridas. Y la luz amarilla de la mañana refleja sobre su anillo de plata, cubriendo la cortina de destellos. Cierra los ojos por unos segundos y siente sus manos recorrer su espalda. Unos dedos grandes y ásperos que acarician su cuello, después sus hombros, muy despacio. Van bajando lentamente hasta encontrarse con su baja espalda, y se deslizan hacia delante, tomándola de la cintura, al tiempo que sus labios se hunden en su oreja.
Ada abre los ojos y ve al panadero sacar los cajones llenos de pan y bollos, y llevarlos a la cafetería. Su mujer a estas horas todavía está en la cama del vecino. El panadero se pasa toda la noche trabajando, y ella se siente sola. Pero él es un pobre iluso. Y ella una desagradecida. Ada abre los cristales ligeramente, para sentir el calor de los primeros rayos rozar su vientre y su pecho desnudos. Con el anillo desvía los reflejos de luz hacia los ojos del panadero, que los cierra durante unos segundos, cegado. Con un cajón de pan caliente en las manos, levanta la cabeza buscando esa luz que le está molestando, y descubre a una mujer desnuda asomada en una ventana. Fascinado por su belleza se queda mirándola embobado. Y Ada se ríe. El hombre aún sigue siendo débil ante ciertas cosas, no está del todo inmunizado por culpa de la televisión. La belleza real gana por goleada. Ada le mira satisfecha, y el panadero cada vez más fascinado e inmóvil, es sorprendido por un grito del dueño de la cafetería. Baja la mirada y se apresura a llevar el pan. Cuando vuelve a la calle, la mujer misteriosa ya no está en la ventana. Decepcionado, echa una mirada rápida a toda la calle, y sube a la furgoneta. Ha terminado el trabajo y debe volver a la panadería.
Cordelia se ha metido en la bañera vacía. Con la ducha va mojando cada parte de su cuerpo, al tiempo que se va llenando la bañera. Su bañera es de las que tienen pies, muy grande y cómoda, y una suave cortina de gasa la rodea. A Ada le espera un largo día de trabajo. Hunde la ducha entre sus piernas y suspira. Sus pezones apuntan al techo, y con una esponja empieza a frotarlos. Es un tacto delicioso el de la esponja. Ada permanece unos minutos más en la bañera, masturbándose, enjabonando suavemente su sexo y después echándole agua. Una y otra vez. Llaman al teléfono y de un salto sale de la bañera, se seca a medias con una toalla y corre a su habitación.
- Hola
- Ya está todo organizado, puedes venir cuando quieras, a partir de las diez.
- De acuerdo.
- Hasta entonces, adiós.
- Adiós.
Aún queda un rato hasta las diez, y el agua sigue llenando la bañera. Es un desperdicio de mañana si no la aprovecha. Se dirige al cajón de la mesita de noche y coge una gran verga de plástico de color carne. Regresa a la bañera con su juguete, y coge de nuevo la ducha. La desliza por su cuerpo lentamente, y cuando empieza a mojarse de nuevo, introduce su pequeño amigo en su cuerpo, abriendo su carne, provocándole una gran sonrisa y un placer delicioso. Y Ada se imagina que su pequeño juguete es la barra de pan de su querido panadero...
domingo 28 de junio de 2009
miércoles 6 de mayo de 2009
-Espero que te duela un poco.
-¡¡Estás loco!! ¡¡Apártate!!
-Creo que no lo haré.
Ada desaparece unos momentos, mientras el anfitrión sigue con su tarea. Ella regresa con la cámara y el trípode, y lo coloca frente a la escena. Él le hace una señal para que no haga ruido, mientras el sodomizado grita de dolor, y los otros dos invitados se ríen.
-¡Qué exagerado eres!
-Hijos de puta…
Ada empieza a hacer fotos en silencio, inmortalizando la escena desde todos los ángulos posibles.
-Oh, vamos… Déjalo ya, ¿no ves que lo está pasando mal? Aquí tienes dos agujeros más que no se van a quejar… -dice la mujer.
-Tranquila. Ten paciencia. Esto para ti no es nada, así que tendrás una pequeña sorpresa.
Ada le hace una señal a su cómplice informándole de que ya tiene bastantes fotos, así que éste deja a su víctima.
-Esto no se va a quedar así… -dice el hombre muy indignado y dolorido.
-Ya lo creo que no, seguramente volverá a su estado normal aunque el dolor durará unos días.
En la habitación se ríen todos menos él. El anfitrión se acerca ahora al otro hombre, y sin apenas darse cuenta, comienza a hacer lo mismo. Ada sigue haciendo fotos.
-¡Joder! ¡No me extraña que le hicieras daño! ¿Te ha crecido?
El anfitrión suelta una carcajada.
-Oh, no… ya me gustaría. Esto se lo debemos al ungüento que os ha echado antes mi amiga… Es un astringente casero.
-Maldito cabrón.-dice su víctima.
-¿Cuándo piensas acabar con esto?-dice el otro hombre, encogido en su silla de dolor.
-¡Sois unos impacientes! Ahora quiero disfrutar yo un poco, ya que vosotros lo habéis hecho viéndome salir de la empresa…
-Así que es por eso… ¡No tuvimos otra opción!-dice el hombre sodomizado.
-Oh, sí que la tuvisteis. Créeme.
-Yo por lo menos pienso denunciarte por esto.
-¿Y qué vas a decir? No podéis ver mi cara… tal vez no soy yo quién está haciendo todo esto. Tal vez estoy aquí pero es otro quien os está sodomizando.
-No estés tan seguro de tu triunfo… Lo vas a pagar caro.-dice el otro hombre.
-Déjalo estar. Yo reconozco mi parte de culpa, y aunque no esté pasando uno de mis mejores momentos… Es una venganza justa.
-Todavía hay más.-dice el anfitrión. Se dirige a Ada- Querida, coge lo que hay dentro de esa caja. Seguro que sabrás utilizarlo.
Ada hace lo que le indica su compañero.
-¡Oh! ¡Me encanta!
-Me alegro… A qué esperas, ella necesita un poco de amor.
Ada se coloca un arnés y se acerca a la mujer. Comienza a penetrarla.
-No esperaba menos de ti.-dice la mujer entre gemidos.
El anfitrión deja a su víctima y coge la cámara, preparándola encima de la mesa con el temporizador. Le hace una señal a Ada para que le ayude a colocarse. Se acerca a las mujeres y con ayuda de Ada se sube en la silla, penetrando a la mujer por detrás.
-Bueno, ahora es cuando debes empezar a gritar.
-¡Oh, Dios mío!
-No metas a Dios en esto.
-¡Me estáis haciendo daño! ¡Parad!
-De eso se trata querida…
-Creo que esto ya no es divertido. Te estás portando muy mal.-dice su segunda víctima.
-No peor que vosotros conmigo. Nunca me había sentido tan traicionado, y por supuesto no os iba a dejar sin castigo. Lo siento, me he visto obligado a hacerlo.
Ada y su compañero siguen su tarea mientras la mujer grita de dolor, y la cámara hace algunos disparos. Al cabo de unos minutos, ambos se apartan de ella.
-Ya está bien. No quiero volver a veros nunca. Largaos de aquí.
Le hace una señal a Ada para que saque sus ropas al rellano, y les quita las vendas y las cuerdas.
-Esto no se va a quedar así.-contesta el primer hombre muy furioso.
-Vámonos.-dice el otro.
Los tres salen de la casa, cogen su ropa y empiezan a vestirse. El anfitrión cierra la puerta.
-Es fantástico. No sabes como te agradezco tu ayuda, Ada.
-Ha sido un placer para mí. ¿Quieres que veamos las fotos?
-Claro.
-¿Puedo preguntarte que piensas hacer con ellas?
-Muy sencillo… Las enviaré por correo electrónico a todos los de la empresa esta misma noche.
-¡Eres malísimo! –dice riéndose.
-Es lo que se merecen.
-¿Y si te denuncian?
-Seguramente lo harán… Pero valdrá la pena sólo por el placer de haberles humillado. La venganza se sirve en plato frío, aunque es más apetecible con una ensalada de placer.
-Yo me he quedado con ganas de más.
-Querida, no te preocupes por eso… Ya lo tenía en cuenta. Quiero que te quedes aquí toda la noche. De momento, quiero que te vendes los ojos, y que me acompañes. Después no quiero oír ni un solo grito. Y espero dejarte satisfecha.
Ada sonriendo y sin decir palabra le obedece, y se van hacia el interior de la casa.
-¡¡Estás loco!! ¡¡Apártate!!
-Creo que no lo haré.
Ada desaparece unos momentos, mientras el anfitrión sigue con su tarea. Ella regresa con la cámara y el trípode, y lo coloca frente a la escena. Él le hace una señal para que no haga ruido, mientras el sodomizado grita de dolor, y los otros dos invitados se ríen.
-¡Qué exagerado eres!
-Hijos de puta…
Ada empieza a hacer fotos en silencio, inmortalizando la escena desde todos los ángulos posibles.
-Oh, vamos… Déjalo ya, ¿no ves que lo está pasando mal? Aquí tienes dos agujeros más que no se van a quejar… -dice la mujer.
-Tranquila. Ten paciencia. Esto para ti no es nada, así que tendrás una pequeña sorpresa.
Ada le hace una señal a su cómplice informándole de que ya tiene bastantes fotos, así que éste deja a su víctima.
-Esto no se va a quedar así… -dice el hombre muy indignado y dolorido.
-Ya lo creo que no, seguramente volverá a su estado normal aunque el dolor durará unos días.
En la habitación se ríen todos menos él. El anfitrión se acerca ahora al otro hombre, y sin apenas darse cuenta, comienza a hacer lo mismo. Ada sigue haciendo fotos.
-¡Joder! ¡No me extraña que le hicieras daño! ¿Te ha crecido?
El anfitrión suelta una carcajada.
-Oh, no… ya me gustaría. Esto se lo debemos al ungüento que os ha echado antes mi amiga… Es un astringente casero.
-Maldito cabrón.-dice su víctima.
-¿Cuándo piensas acabar con esto?-dice el otro hombre, encogido en su silla de dolor.
-¡Sois unos impacientes! Ahora quiero disfrutar yo un poco, ya que vosotros lo habéis hecho viéndome salir de la empresa…
-Así que es por eso… ¡No tuvimos otra opción!-dice el hombre sodomizado.
-Oh, sí que la tuvisteis. Créeme.
-Yo por lo menos pienso denunciarte por esto.
-¿Y qué vas a decir? No podéis ver mi cara… tal vez no soy yo quién está haciendo todo esto. Tal vez estoy aquí pero es otro quien os está sodomizando.
-No estés tan seguro de tu triunfo… Lo vas a pagar caro.-dice el otro hombre.
-Déjalo estar. Yo reconozco mi parte de culpa, y aunque no esté pasando uno de mis mejores momentos… Es una venganza justa.
-Todavía hay más.-dice el anfitrión. Se dirige a Ada- Querida, coge lo que hay dentro de esa caja. Seguro que sabrás utilizarlo.
Ada hace lo que le indica su compañero.
-¡Oh! ¡Me encanta!
-Me alegro… A qué esperas, ella necesita un poco de amor.
Ada se coloca un arnés y se acerca a la mujer. Comienza a penetrarla.
-No esperaba menos de ti.-dice la mujer entre gemidos.
El anfitrión deja a su víctima y coge la cámara, preparándola encima de la mesa con el temporizador. Le hace una señal a Ada para que le ayude a colocarse. Se acerca a las mujeres y con ayuda de Ada se sube en la silla, penetrando a la mujer por detrás.
-Bueno, ahora es cuando debes empezar a gritar.
-¡Oh, Dios mío!
-No metas a Dios en esto.
-¡Me estáis haciendo daño! ¡Parad!
-De eso se trata querida…
-Creo que esto ya no es divertido. Te estás portando muy mal.-dice su segunda víctima.
-No peor que vosotros conmigo. Nunca me había sentido tan traicionado, y por supuesto no os iba a dejar sin castigo. Lo siento, me he visto obligado a hacerlo.
Ada y su compañero siguen su tarea mientras la mujer grita de dolor, y la cámara hace algunos disparos. Al cabo de unos minutos, ambos se apartan de ella.
-Ya está bien. No quiero volver a veros nunca. Largaos de aquí.
Le hace una señal a Ada para que saque sus ropas al rellano, y les quita las vendas y las cuerdas.
-Esto no se va a quedar así.-contesta el primer hombre muy furioso.
-Vámonos.-dice el otro.
Los tres salen de la casa, cogen su ropa y empiezan a vestirse. El anfitrión cierra la puerta.
-Es fantástico. No sabes como te agradezco tu ayuda, Ada.
-Ha sido un placer para mí. ¿Quieres que veamos las fotos?
-Claro.
-¿Puedo preguntarte que piensas hacer con ellas?
-Muy sencillo… Las enviaré por correo electrónico a todos los de la empresa esta misma noche.
-¡Eres malísimo! –dice riéndose.
-Es lo que se merecen.
-¿Y si te denuncian?
-Seguramente lo harán… Pero valdrá la pena sólo por el placer de haberles humillado. La venganza se sirve en plato frío, aunque es más apetecible con una ensalada de placer.
-Yo me he quedado con ganas de más.
-Querida, no te preocupes por eso… Ya lo tenía en cuenta. Quiero que te quedes aquí toda la noche. De momento, quiero que te vendes los ojos, y que me acompañes. Después no quiero oír ni un solo grito. Y espero dejarte satisfecha.
Ada sonriendo y sin decir palabra le obedece, y se van hacia el interior de la casa.
martes 10 de febrero de 2009
-Ya están aquí. Ve a la cocina y cuando te llame sales por ahí, ¿de acuerdo?
-Sí, está todo claro.
Ada se va a la cocina, y su amigo se dirige a la puerta para abrir a los invitados.
-Hola… qué bien que hayáis podido venir todos. Espero que no tengáis demasiado en cuenta si soy mal anfitrión. Hace mucho tiempo que no recibo visitas.
Dos hombres, uno rubio y alto, y el otro castaño y con barba de tres días, y una mujer de larga melena castaña, con ojos verdes.
-No te preocupes, ya es un detalle que hayas organizado esta velada en tu casa. –dice el rubio.
-Quería hacer algo especial para despedirme de vosotros.
-Huele muy bien. ¿Has hecho un pastel? –la mujer.
-Sí, pensé que sería la opción más dulce para acompañar los licores. Bueno, entrad. Podéis dejar ahí los abrigos y lo que llevéis encima. Este es el salón. ¿Os sirvo lo de siempre, no?
-Sí, por favor. –dice el castaño.
-Bueno, como supongo que mañana tendréis que ir a trabajar, no quiero alargar mucho la noche. Así que cuanto antes empecemos mejor.
-¿Qué has preparado para nosotros? –la mujer.
El anfitrión se acerca a un reproductor de música y lo enciende, sonando una sensual canción.
-Ya lo veréis… ¡Querida, entra cuando quieras!
Entonces por el pasillo aparece Ada, caminando despacio, y se acerca a los invitados.
-Buenas noches.
-Es un placer. –dice el rubio.
-Mi amiga nos va a deleitar con un precioso espectáculo.
-Si es tan precioso como ella… entonces será perfecto. –la mujer.
Ada empieza a bailar delante de los invitados, y poco a poco se va quitando la ropa, hasta quedarse en ropa interior. Los invitados no pueden apartar la mirada de ella y poco a poco se van excitando. Acercan sus manos para acariciarla y ella los seduce con sus movimientos. Ada se acerca al hombre castaño y mirándolo con deseo, se acerca a su entrepierna.
-Si me permites, me gustaría saludar a tu amiga.
-Es toda tuya.
Ada le desabrocha el pantalón y saca un enorme miembro oscuro y ardiente, que pronto desaparece entre la carne ensalivada de Ada. Mientras, el rubio y la mujer observan con atención y lentamente se van desnudando. El anfitrión observa callado desde una esquina, y esboza una sonrisa malvada.
-¿Vas a ser buena con nosotros dos también? –dice el rubio.
-Con vosotros seré mucho mejor.
-Es encantadora. –dice la mujer.
Ada sigue masturbando al hombre castaño, y cuando éste se encuentra lo suficientemente excitado, se separa lentamente de él, acercándose a la mujer. Le hace unas señales, y ésta se acomoda en la silla, dejando ver a Ada su pequeña y poblada cueva. Ada se sumerge entre la maraña de pelo y empieza a jugar con la carne. Los otros dos se masturban sin dejar de mirar a las dos mujeres. Al cabo de unos minutos, Ada deja a la mujer y se acerca al hombre rubio, propinándole su dosis de placer. Tras un rato, se aleja.
-Sois adorables… ¡Habéis respondido enseguida!
-Es imposible no rendirse ante ti. ¿Qué vas a hacer ahora? –dice el rubio.
-Pues como os veo tan animados… vamos a hacer un juego. Quiero que os pongáis de rodillas encima de las sillas, de frente al respaldo.
-Estoy realmente excitada con todo esto… –dice la mujer. Luego se dirige al anfitrión. -¡Has preparado una velada increíble!
-Me encanta que os guste. Creo que no lo olvidaréis nunca.
Ada se acerca a los invitados, con los pañuelos, y uno a uno les va vendando los ojos.
-Ahora os tengo que poner esto. Las sensaciones se multiplicarán y disfrutaréis el doble.
Los invitados se dejan vendar, y cuando ya no pueden ver nada, el anfitrión los ata rápidamente a los barrotes de la silla, dejándolos inmovilizados.
-Este rollito no lo habíamos probado nunca… ¿A qué se debe? –dice el castaño.
-Todo a su tiempo, querido.
Entonces Ada coge el bote que le había dado su amigo, y vierte sobre las nalgas de los invitados un chorro de gel transparente.
-¿Y esto tan frío? ¿Nos vas a hacer un masaje? –dice la mujer.
-Bueno, es algo parecido… pero creo que os dará más placer.
Ada comienza a esparcir el gel, uno por uno, hasta llegar al recto, y lentamente introduce los dedos.
-¡Ten más cuidado, tía! Aún no he pasado de un dedo… –dice el rubio.
-No grites a mi amiga. –el anfitrión le hace una señal a Ada para que se aparte. –Voy a tener que castigarte por eso.
-Creo que podríamos dejarlo ya… –dice el rubio.
-Yo quiero seguir… Esto me fascina. –la mujer.
Entonces el anfitrión se acerca al hombre rubio por detrás, y sacando su verga de los pantalones, la introduce con decisión dentro de su cuerpo.
-Sí, está todo claro.
Ada se va a la cocina, y su amigo se dirige a la puerta para abrir a los invitados.
-Hola… qué bien que hayáis podido venir todos. Espero que no tengáis demasiado en cuenta si soy mal anfitrión. Hace mucho tiempo que no recibo visitas.
Dos hombres, uno rubio y alto, y el otro castaño y con barba de tres días, y una mujer de larga melena castaña, con ojos verdes.
-No te preocupes, ya es un detalle que hayas organizado esta velada en tu casa. –dice el rubio.
-Quería hacer algo especial para despedirme de vosotros.
-Huele muy bien. ¿Has hecho un pastel? –la mujer.
-Sí, pensé que sería la opción más dulce para acompañar los licores. Bueno, entrad. Podéis dejar ahí los abrigos y lo que llevéis encima. Este es el salón. ¿Os sirvo lo de siempre, no?
-Sí, por favor. –dice el castaño.
-Bueno, como supongo que mañana tendréis que ir a trabajar, no quiero alargar mucho la noche. Así que cuanto antes empecemos mejor.
-¿Qué has preparado para nosotros? –la mujer.
El anfitrión se acerca a un reproductor de música y lo enciende, sonando una sensual canción.
-Ya lo veréis… ¡Querida, entra cuando quieras!
Entonces por el pasillo aparece Ada, caminando despacio, y se acerca a los invitados.
-Buenas noches.
-Es un placer. –dice el rubio.
-Mi amiga nos va a deleitar con un precioso espectáculo.
-Si es tan precioso como ella… entonces será perfecto. –la mujer.
Ada empieza a bailar delante de los invitados, y poco a poco se va quitando la ropa, hasta quedarse en ropa interior. Los invitados no pueden apartar la mirada de ella y poco a poco se van excitando. Acercan sus manos para acariciarla y ella los seduce con sus movimientos. Ada se acerca al hombre castaño y mirándolo con deseo, se acerca a su entrepierna.
-Si me permites, me gustaría saludar a tu amiga.
-Es toda tuya.
Ada le desabrocha el pantalón y saca un enorme miembro oscuro y ardiente, que pronto desaparece entre la carne ensalivada de Ada. Mientras, el rubio y la mujer observan con atención y lentamente se van desnudando. El anfitrión observa callado desde una esquina, y esboza una sonrisa malvada.
-¿Vas a ser buena con nosotros dos también? –dice el rubio.
-Con vosotros seré mucho mejor.
-Es encantadora. –dice la mujer.
Ada sigue masturbando al hombre castaño, y cuando éste se encuentra lo suficientemente excitado, se separa lentamente de él, acercándose a la mujer. Le hace unas señales, y ésta se acomoda en la silla, dejando ver a Ada su pequeña y poblada cueva. Ada se sumerge entre la maraña de pelo y empieza a jugar con la carne. Los otros dos se masturban sin dejar de mirar a las dos mujeres. Al cabo de unos minutos, Ada deja a la mujer y se acerca al hombre rubio, propinándole su dosis de placer. Tras un rato, se aleja.
-Sois adorables… ¡Habéis respondido enseguida!
-Es imposible no rendirse ante ti. ¿Qué vas a hacer ahora? –dice el rubio.
-Pues como os veo tan animados… vamos a hacer un juego. Quiero que os pongáis de rodillas encima de las sillas, de frente al respaldo.
-Estoy realmente excitada con todo esto… –dice la mujer. Luego se dirige al anfitrión. -¡Has preparado una velada increíble!
-Me encanta que os guste. Creo que no lo olvidaréis nunca.
Ada se acerca a los invitados, con los pañuelos, y uno a uno les va vendando los ojos.
-Ahora os tengo que poner esto. Las sensaciones se multiplicarán y disfrutaréis el doble.
Los invitados se dejan vendar, y cuando ya no pueden ver nada, el anfitrión los ata rápidamente a los barrotes de la silla, dejándolos inmovilizados.
-Este rollito no lo habíamos probado nunca… ¿A qué se debe? –dice el castaño.
-Todo a su tiempo, querido.
Entonces Ada coge el bote que le había dado su amigo, y vierte sobre las nalgas de los invitados un chorro de gel transparente.
-¿Y esto tan frío? ¿Nos vas a hacer un masaje? –dice la mujer.
-Bueno, es algo parecido… pero creo que os dará más placer.
Ada comienza a esparcir el gel, uno por uno, hasta llegar al recto, y lentamente introduce los dedos.
-¡Ten más cuidado, tía! Aún no he pasado de un dedo… –dice el rubio.
-No grites a mi amiga. –el anfitrión le hace una señal a Ada para que se aparte. –Voy a tener que castigarte por eso.
-Creo que podríamos dejarlo ya… –dice el rubio.
-Yo quiero seguir… Esto me fascina. –la mujer.
Entonces el anfitrión se acerca al hombre rubio por detrás, y sacando su verga de los pantalones, la introduce con decisión dentro de su cuerpo.
sábado 17 de enero de 2009
Ada Cordelia atraviesa una puerta grande de madera oscura, y la cierra tras de sí. El suelo es de parqué y las paredes están empapeladas en color vino. La luz es ligeramente anaranjada, y está repartida por los rincones. Huele a chocolate.
-Deja el abrigo en el perchero y sigue el olor. Estoy aquí.
Ada camina siguiendo la voz, y llega a la cocina, donde se encuentra él.
-Huele muy bien. He traído todo lo que me dijiste por teléfono. Siento si he llegado un poco tarde, pero me ha costado encontrar flores a estas horas.
-No te apures querida, llegas la primera. ¿Quieres probar? Le he puesto nueces y albaricoque, además de la crema de chocolate. Espero que te guste.
-Eres muy curioso… No pensé que te tomarías tantas molestias.
-Oh, por favor… ¡Eres mi invitada especial!
-Quiero ese trozo... Es la mejor tarta de chocolate y albaricoque que he probado nunca. ¡Y no te rías! Lo digo completamente en serio. Es un gran detalle de tu parte.
-Gracias. Me alegra que te guste. Has elegido el vestido perfecto ¿sabes? No puedo dejar de mirarte el escote, tienes un pecho precioso. Estarán todos encantados. Pero luego te dejaré un par de cosas que creo que te darán el toque ideal.
-¿Me dirás de qué se trata exactamente? Me ha gustado mucho tu llamada, normalmente no recibo esta clase de propuestas.
-Pues por ahora poco te puedo decir. Sólo te puedo garantizar que va a ser estupendo. ¿Llevas medias?
-Sí.
-Muy bien. Pues quítate las botas. El suelo está caliente, no te preocupes por eso.
-Estoy impaciente… ¿Y vives solo?
-Sí, desde hace cuatro años. Antes vivía a las afueras en casa de mis padres, pero al fin pude independizarme cuando conseguí el puesto de trabajo. Ahora puedo permitirme estar aquí una temporada más. Hasta que se me acabe el dinero, si no he encontrado otro trabajo para entonces. ¿Y tú? Me interesaría saber todo de ti…
-Mi vida antes de hace un año no importa. Desde ese momento hasta hoy… puedo decir que soy feliz. No salgo con amigos y no hago una vida normal propiamente dicha. Mi vida es muy diferente a la del resto de chicas de mi edad. A veces me llaman estando en la universidad y me divierto cuando me mira todo el mundo, especialmente las mujeres. Y si tengo que esperar mucho tiempo a mi dandy del día, paso el rato provocándolas y haciendo que se escandalicen.
-¿Dandy? ¿Así los llamas?
-Sí, me gusta pensar que en su vida anterior fueron hombres con buen gusto y vicios prohibidos.
-Creo que todavía existe alguno.
-Realmente no sé si me gustaría conocerlo.
-Por cierto, te he dejado preparada una cámara con trípode. Se me olvidó comentártelo, me imagino que traerás la tuya, pero por si acaso lo preparé.
-Eres muy amable y estás pendiente de todo. He traído la mía, pero lo cierto es que el trípode me vendrá muy bien.
-Estupendo.
-Bueno, creo que podrías explicarme ya de qué se trata.
-Sí, tienes razón. Deben estar a punto de llegar. Acompáñame al salón.

Van hacia el salón y él le muestra unos pañuelos negros.
-Mira, con esto quiero que les vendes los ojos a los tres. Pero eso será más adelante, cuando yo te avise. Tú estarás escondida, y cuando te llame empezarás a bailar y a conseguir que sus miradas se centren en tu cuerpo.
-Eso no será complicado.
-Lo sé, por eso he confiado en ti. Esos cabrones van a pagar por haber hecho que me despidieran.
-¡Cuéntame más cosas!
-Quiero que sea una sorpresa también para ti. Me dará mucho placer si consigo que esto quede a tu altura.
-De momento me encanta.
-Bueno, cuando estén absortos contigo, lo único que deberás hacer será vendarles los ojos. Y después ya lo verás…
-Está bien, esperaré impaciente. ¿Qué era lo que me ibas a prestar?
-¡Ah, sí! Bueno, en todo momento yo permaneceré a un lado, mirando. Así que tú tienes que encargarte de prepararlo todo. Esto sabrás como usarlo.
-¿Y cómo es ella?
-Demasiado atractiva para no ser puta. Eso sí, en la empresa hacía el mismo trabajo.
Entonces llaman al timbre.
-Deja el abrigo en el perchero y sigue el olor. Estoy aquí.
Ada camina siguiendo la voz, y llega a la cocina, donde se encuentra él.
-Huele muy bien. He traído todo lo que me dijiste por teléfono. Siento si he llegado un poco tarde, pero me ha costado encontrar flores a estas horas.
-No te apures querida, llegas la primera. ¿Quieres probar? Le he puesto nueces y albaricoque, además de la crema de chocolate. Espero que te guste.
-Eres muy curioso… No pensé que te tomarías tantas molestias.
-Oh, por favor… ¡Eres mi invitada especial!
-Quiero ese trozo... Es la mejor tarta de chocolate y albaricoque que he probado nunca. ¡Y no te rías! Lo digo completamente en serio. Es un gran detalle de tu parte.
-Gracias. Me alegra que te guste. Has elegido el vestido perfecto ¿sabes? No puedo dejar de mirarte el escote, tienes un pecho precioso. Estarán todos encantados. Pero luego te dejaré un par de cosas que creo que te darán el toque ideal.
-¿Me dirás de qué se trata exactamente? Me ha gustado mucho tu llamada, normalmente no recibo esta clase de propuestas.
-Pues por ahora poco te puedo decir. Sólo te puedo garantizar que va a ser estupendo. ¿Llevas medias?
-Sí.
-Muy bien. Pues quítate las botas. El suelo está caliente, no te preocupes por eso.
-Estoy impaciente… ¿Y vives solo?
-Sí, desde hace cuatro años. Antes vivía a las afueras en casa de mis padres, pero al fin pude independizarme cuando conseguí el puesto de trabajo. Ahora puedo permitirme estar aquí una temporada más. Hasta que se me acabe el dinero, si no he encontrado otro trabajo para entonces. ¿Y tú? Me interesaría saber todo de ti…
-Mi vida antes de hace un año no importa. Desde ese momento hasta hoy… puedo decir que soy feliz. No salgo con amigos y no hago una vida normal propiamente dicha. Mi vida es muy diferente a la del resto de chicas de mi edad. A veces me llaman estando en la universidad y me divierto cuando me mira todo el mundo, especialmente las mujeres. Y si tengo que esperar mucho tiempo a mi dandy del día, paso el rato provocándolas y haciendo que se escandalicen.
-¿Dandy? ¿Así los llamas?
-Sí, me gusta pensar que en su vida anterior fueron hombres con buen gusto y vicios prohibidos.
-Creo que todavía existe alguno.
-Realmente no sé si me gustaría conocerlo.
-Por cierto, te he dejado preparada una cámara con trípode. Se me olvidó comentártelo, me imagino que traerás la tuya, pero por si acaso lo preparé.
-Eres muy amable y estás pendiente de todo. He traído la mía, pero lo cierto es que el trípode me vendrá muy bien.
-Estupendo.
-Bueno, creo que podrías explicarme ya de qué se trata.
-Sí, tienes razón. Deben estar a punto de llegar. Acompáñame al salón.

Van hacia el salón y él le muestra unos pañuelos negros.
-Mira, con esto quiero que les vendes los ojos a los tres. Pero eso será más adelante, cuando yo te avise. Tú estarás escondida, y cuando te llame empezarás a bailar y a conseguir que sus miradas se centren en tu cuerpo.
-Eso no será complicado.
-Lo sé, por eso he confiado en ti. Esos cabrones van a pagar por haber hecho que me despidieran.
-¡Cuéntame más cosas!
-Quiero que sea una sorpresa también para ti. Me dará mucho placer si consigo que esto quede a tu altura.
-De momento me encanta.
-Bueno, cuando estén absortos contigo, lo único que deberás hacer será vendarles los ojos. Y después ya lo verás…
-Está bien, esperaré impaciente. ¿Qué era lo que me ibas a prestar?
-¡Ah, sí! Bueno, en todo momento yo permaneceré a un lado, mirando. Así que tú tienes que encargarte de prepararlo todo. Esto sabrás como usarlo.
-¿Y cómo es ella?
-Demasiado atractiva para no ser puta. Eso sí, en la empresa hacía el mismo trabajo.
Entonces llaman al timbre.
lunes 5 de enero de 2009
Ada espera en la calle.
A su mente acuden recuerdos de una primavera calurosa en la que jugaba con sus vecinos en la casa de la playa. El perezoso sol de la mañana tostaba sus pieles inocentes. Ada está sentada sobre la arena y juega haciendo castillos a sus pies. A su lado está Guille, que la observa tranquilamente. Cerca de la orilla, el pequeño Saúl recoge las conchas que va encontrando y las guarda en su cubo. Guille no aparta la mirada de los pezones de Ada, que a través del bañador mojado apuntan al cielo. Está cerca de ella y se contagia de su calor. Se aproxima a su mejilla y le da un beso. Ada sonríe y sigue haciendo castillos.
- ¿Puedo tocarte?
- ¿Qué quieres tocar?
- Tienes eso de ahí duro...
- Se llaman pezones, están así porque tengo el bañador mojado.
Guille acerca su mano con curiosidad hacia el pecho de Cordelia, hasta que sus temblorosos dedos rozan el tieso saliente. Ada lanza un suspiro y cierra los ojos. Su respiración se acelera. Guille siente mucha curiosidad y aparta la tela que cubre sus pequeños senos.
- ¿Tienen leche?
- No lo sé... Si quieres puedes probar.

El muchacho acerca sus labios al pezón derecho, y con la punta de la lengua lo acaricia. Con la boca rodea la aureola y empieza a succionar. Ada empieza a sentir algo extraño en todo el cuerpo... su pulso aumenta y una sensación nueva inunda su piel. Guille intenta obtener fallidamente leche del pezón de su amiga, y mientras, lleva su mano al otro pecho, acariciando la débil curva de carne.
- ¿A qué jugáis? -Saúl les sorprende.
- Quiero saber si Ada tiene leche.
- Sólo tienen leche las madres...
- ¿No quieres probar? -le pregunta Cordelia.
- ¡No quiero! Me voy a casa...
Guille toma la mano de Ada y la lleva a su bañador.
- Mira, yo también tengo esto duro.
Ada coge ese trozo de carne sin saber muy bien qué hacer, y aprieta suavemente. Está caliente y enrojecida. De repente se levanta y cogiendo a Guille de la mano le conduce hasta la orilla. Ada se quita el bañador, dejando ante los ojos perplejos de Guille su cuerpo desnudo e impecable, y corriendo se mete en el agua.
- Ven.
Guille se quita el bañador y lentamente se acerca a ella. Camina contra el agua hasta pegarse completamente al cuerpo desnudo de Ada, y se quedan mirando. El movimiento de las olas los mece suavemente y sus pieles se rozan untadas en sal.
Una voz contesta a través del telefonillo, y la puerta se abre. Ada entra en el patio, y la puerta se cierra detrás de ella.
A su mente acuden recuerdos de una primavera calurosa en la que jugaba con sus vecinos en la casa de la playa. El perezoso sol de la mañana tostaba sus pieles inocentes. Ada está sentada sobre la arena y juega haciendo castillos a sus pies. A su lado está Guille, que la observa tranquilamente. Cerca de la orilla, el pequeño Saúl recoge las conchas que va encontrando y las guarda en su cubo. Guille no aparta la mirada de los pezones de Ada, que a través del bañador mojado apuntan al cielo. Está cerca de ella y se contagia de su calor. Se aproxima a su mejilla y le da un beso. Ada sonríe y sigue haciendo castillos.
- ¿Puedo tocarte?
- ¿Qué quieres tocar?
- Tienes eso de ahí duro...
- Se llaman pezones, están así porque tengo el bañador mojado.
Guille acerca su mano con curiosidad hacia el pecho de Cordelia, hasta que sus temblorosos dedos rozan el tieso saliente. Ada lanza un suspiro y cierra los ojos. Su respiración se acelera. Guille siente mucha curiosidad y aparta la tela que cubre sus pequeños senos.
- ¿Tienen leche?
- No lo sé... Si quieres puedes probar.

El muchacho acerca sus labios al pezón derecho, y con la punta de la lengua lo acaricia. Con la boca rodea la aureola y empieza a succionar. Ada empieza a sentir algo extraño en todo el cuerpo... su pulso aumenta y una sensación nueva inunda su piel. Guille intenta obtener fallidamente leche del pezón de su amiga, y mientras, lleva su mano al otro pecho, acariciando la débil curva de carne.
- ¿A qué jugáis? -Saúl les sorprende.
- Quiero saber si Ada tiene leche.
- Sólo tienen leche las madres...
- ¿No quieres probar? -le pregunta Cordelia.
- ¡No quiero! Me voy a casa...
Guille toma la mano de Ada y la lleva a su bañador.
- Mira, yo también tengo esto duro.
Ada coge ese trozo de carne sin saber muy bien qué hacer, y aprieta suavemente. Está caliente y enrojecida. De repente se levanta y cogiendo a Guille de la mano le conduce hasta la orilla. Ada se quita el bañador, dejando ante los ojos perplejos de Guille su cuerpo desnudo e impecable, y corriendo se mete en el agua.
- Ven.
Guille se quita el bañador y lentamente se acerca a ella. Camina contra el agua hasta pegarse completamente al cuerpo desnudo de Ada, y se quedan mirando. El movimiento de las olas los mece suavemente y sus pieles se rozan untadas en sal.
Una voz contesta a través del telefonillo, y la puerta se abre. Ada entra en el patio, y la puerta se cierra detrás de ella.
sábado 27 de diciembre de 2008
Os voy a contar la historia de Ada Cordelia; pálida, coja, de uñas cortas y rojas, culona y silenciosa. Tiene tres pecas justo detrás de su oreja izquierda, y no tiene más en todo el cuerpo. Su pierna derecha es más corta que la otra, pero esto no ha supuesto un problema para ella. Desde muy niña siempre lo ha llevado con mucha naturalidad. Su pelo es largo y negro como el carbón, y sus ojos de color miel. Vive de alquiler en un pequeño piso del centro de la ciudad, compartido con otros jóvenes, pero no se ven muy a menudo.
Son las 6 de la mañana.
Ada es un nombre hebreo, y significa belleza. Cordelia es un nombre celta y significa joya del mar. Ada baja todas las mañanas a las 6.30 para tomar el desayuno en una pequeña y maloliente cafetería de su calle. Siempre una taza de té rooibos, y una empanada de queso y puerros. Siempre en la misma mesa.
A través del humo del té observa al chico de los cafés. Concretamente observa el bollo que guarda
en sus pantalones. Un bollo relleno de crema por el que Ada siente fascinación. Se hace tarde. Paga el desayuno y se marcha hacia la parada de bús. Cuando regresa a casa por la noche decide llamar al número de teléfono que está escrito en un papel, en un cajón de su mesita de noche. Le contesta una voz clara y grave, pausada. Al terminar la llamada se mete en la ducha y luego se pone un vestido corto y ajustado. Es consciente del tamaño de su trasero, y está orgullosa de el. Se pinta los ojos de negro y se calza las botas de media caña.Por supuesto, no olvida sus inseparables chinas de nácar y metal, que introduce suavemente en su vagina justo antes de salir por la puerta...
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